La minería es una actividad esencial para el bienestar y el progreso humano. Sin la minería y sus productos, en particular el cobre y el oro, no es posible imaginar el desarrollo de las nuevas tecnologías que permiten la conectividad digital, la producción y transmisión de energías renovables, la acelerada urbanización mundial, la producción de proteínas en forma masiva para alimentar a la población global, y muchos otros avances que permitirán un mundo mejor. Por ello la minería seguirá desarrollándose, en tierra, en los océanos o en el espacio, para proveer de los minerales necesarios para estos efectos.
Por su parte, los países con dotación abundante de minerales como Ecuador, compiten por participar en esta cadena de valor y posicionarse en este nuevo mundo que emerge. Naturalmente ese mundo mejor, que necesita minerales, a su vez exige cada vez más que sus procesos, desde la exploración a la producción y cierre de operaciones, sean acorde con esos mismos estándares de bienestar y progreso que se quiere alcanzar con el desarrollo tecnológico y la revolución sustentable. Este doble desafío es probablemente la característica más central de la actividad minera moderna. Por un lado debe proveer la creciente e imperiosa necesidad de sus productos minerales pero, por otro, debe dar respuesta clara, fehaciente y trazable a la exigencia de una minería responsable con el ambiente y con todas sus partes interesadas: sus trabajadores, sus proveedores, las comunidades de su entorno productivo, los gobiernos y los clientes.
La minería mundial experimenta por tanto en estos días una transformación en su ADN: tiene exigencias incrementales sobre su performance para sobrevivir y prosperar, pero a su vez también tiene -como nunca- la posibilidad evidente de ser parte del mundo mejor al que aspiramos globalmente. El Ecuador tiene por tanto, en este concierto global, una oportunidad gigantesca, acompañada de una nueva narrativa de la minería, y que debe aprovechar. El hecho que la inversión minera de gran escala esté despegando en estos momentos en el Ecuador debe ser visto, en este contexto, como una gran oportunidad. La revolución tecnológica y de sustentabilidad se ha acelerado en estos últimos tiempos y se está imponiendo en este mismo momento en el mundo, y Ecuador puede aprovechar ambas para hacer de su naciente minería un óptimo contribuyente al «mundo mejor» del cual hablamos al co-mienzo, pero también una alternativa muy interesante como fuente de actividad económica (especialmente exportación e inversión), recursos fiscales, catalizador de capacidades y conocimientos, y en definitiva como un motor de sustentabilidad del país y un buen negocio para los inversionistas, el gobierno, las empresas y los territorios de Ecuador.
DIRECCIÓN
Av. 12 de OctubreN26-97 y Lincoln, Edificio TORRE 1492 Piso 12, Oficina 1203. Quito, Pichincha, Ecuador.